Desde las inmensas playas del Norte o de las Antillas hasta las quebradas costas de Bretaña o de Córcega, desde los volcanes de Auvernia o de Reunión hasta las cimas de los Alpes o de los Pirineos, desde las tranquilas orillas del Loira o del canal de Borgoña hasta las tumultuosas gargantas del Tarn o del Ardèche, desde los prados ondulados de Normandía o de Poitou-Charente hasta los bosques de Sologne o del Jura, nuestras regiones ofrecen al viajero atento una diversidad de paisajes sin rival en Europa. Si añadimos la riqueza de la fauna y de la flora, y la calidad de nuestro patrimonio histórico y cultural (castillos, iglesias, lavaderos...), se comprenderá por qué Francia sigue siendo el primer destino turístico mundial. A pie, en bicicleta, a caballo, sobre esquís, en parapente, en globo aerostático, en caravana... cualquier medio es bueno para lanzarse a descubrir nuestras regiones.